Opinión: Yo no entiendo…las drogas y los derechos.


Opinión: Yo no entiendo…las drogas y los derechos. Me declaro incompetente para entender al la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, o por lo menos a su portavoz y máximo representante, el ombudsman Luis González Placencia.

En el marco de la develación de la Primer encuesta de usuarios de drogas ilegales y derechos humanos en la Ciudad de México, después de haber mostrado reveladoras cifras acerca del consumo de drogas en la capital del país y su zona conurbada, el señor Placencia declaró varias cosas que me parecieron cuando menos sorpresivas, entre ellas, que invitaba a los consumidores de drogas ilegales a “salir del closet” y formar sociedades para proteger sus derechos, así como lo han hecho por nombras a algunos, las agrupaciones lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersex, o los movimientos en favor de la mujer.

Dentro de esta misma idea, me parece importante señalar y comentar dos frases que a continuación les cito a mis amables lectores:

• “Hemos obligado a los consumidores, a las consumidoras a mantenerse en la clandestinidad, y con eso no damos la oportunidad de que ellos puedan decirnos cuáles son las problemáticas que enfrentan, por ejemplo en términos de la calidad de sustancias que consumen; de los precios de las mismas sustancias; de los costos asociados, por ejemplo la posibilidad de que queden implicados en las redes del narcomenudeo. Me parece que en la medida en la que los consumidores vayan haciendo valer su propia causa va a ser posible abatir los problemas y las violaciones de derechos que sufren”.

• “Trabajar para que su consumo sea aceptado como un comportamiento que existe y ha existido históricamente en la vida de las personas”.

Sobre esto, me surgen algunos comentarios que me gustaría compartir  con ustedes. En primer lugar, quisiera saber ¿desde cuándo corresponde a la Comisión de Derechos Humanos fungir como protección al consumidor para los que hacen uso de sustancias ilegales? Me parece irrisorio que el señor Placencia sugiera que la solución para una de las preguntas intrínsecas del consumo de drogas, que es el narcotráfico, parte de que se provea control de calidad, precio competitivo y casi incentivar al consumo proveyendo de herramientas “seguras” para este.

No creo que la forma en que dicha institución aborda el problema  sea la respuesta, ni tampoco que contradiga  a sus propios estatutos ni a las leyes de una nación, y a las pruebas me remito: el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dicta que todo individuo tiene derecho a la vida, la libertad y la seguridad de su persona, y por el estilo dicta el artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. No sé si mi opinión es errónea, pero hasta donde la información existente ha demostrado, una vida de adicción a las drogas, no promueve ni la libertad, ni la seguridad de las personas, ni su salud.

El tener información acerca de cómo son violentados los derechos de los consumidores de sustancias ilegales, nos podría servir como base para prevenir las adicciones en los niños y adolescentes.  Sin embargo, no considero que sea apropiado dar razones de corte histórico y cuan demás antropológico para justificar el consumo. El querer ponernos a un nivel  casi instintivo en el cual no somos capaces de decidir, sino que tenemos que hacer las cosas porque sí, porque lo enseña la historia, porque lo marca el patrón, me hace pensar que entonces somos una sociedad incapaz de evolucionar y cuya autodestrucción es inevitable: al fin y al cabo, la guerra y la muerte son parte de nuestra historia, habrá que repetirlas.

Me hubiera parecido mucho más emocionante y apropiado que el ombudsman nos sorprendiera con alguna propuesta innovadora en cuanto a prevención; que nos dijera como trabajar para lograr una juventud libre de vicios y peligros; cómo podemos hacer algo en sociedad para mejorar la calidad de vida de nuestros jóvenes sin orientarlos al consumo. El aceptar el consumo como un mal intrínseco e inevitable, solo regulable, no se me hace la mejor demostración de un hombre cuyo trabajo ha sido por años defender y promover de manera cabal, casi desinteresada y con gran efectividad, lo mejor de la condición humana.

Y ustedes -como padres de familia- ¿que sugerirían?

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This article was written by Yosele Angulo Orozco

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